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Morgia

Unos golpes en la puerta

Unos golpes en la puerta, como una sentencia de muerte, nadie me había preparado para la súbita afluencia de sangre en las mejillas, el nudo en el estomago, el temblor en las manos, el pavor...
Me incorporo deprisa, me flojean las piernas y no doy el paso, me aferro a la idea de no abrir, si no lo hago desaparecerán, como aves nocturnas que a la salida del sol se esfuman; aquí están de nuevo, mas fuertes, los golpes que ya no son dados en la puerta, retumban en las paredes, en los muebles, en mi cabeza... ¡no! si no abro acabaran desapareciendo; pero estoy helada, tengo que moverme y el cuerpo no me responde, resbalo hacia el suelo, las rodillas tocando el pecho, las manos en los oídos, no dejo de escucharlos.
El rumor aumenta en la puerta, parece como si miles de insectos danzaran al unísono, moviendo las alas arriba y abajo, arriba y abajo, haciendo retumbar los cuerpos uno contra otro, con un zumbido amorfo y ondulante. La danza de la muerte.
No puedo decir que no los esperara, todos los días he pensado en ello y ahora que están aquí es demasiado pronto; no quiero abrir, no puedo abrir.
Ahora esta todo en silencio, pero volverán, se que volverán y cuando lo hagan no se van a quedar en la puerta.
Ahora que se han ido tendré tiempo para pensar que tengo que hacer, aunque después de tantos días como llevo encerrada no he conseguido quitarme de encima esta ansiedad, no dejo de preguntarme a mi misma que voy a hacer cuando entren, por que eso es inevitable, entraran; recorrerán el pasillo y abrirán las puertas de la intimidad, registraran mi vida como buitres carroñeros, abrirán cajones, desgarraran sueños, meterán garras y picos por rincones, olfatearan hasta encontrar mi rastro y no podré huir.
Pienso en salir, una cosa absurda que no puedo hacer, ellos me esperan fuera.
……Despierto empapada de sudor, no se que ha pasado, me he hundido en un túnel, sombras, manos, gritos…
No lo puedo soportar, me tiemblan las manos ¡la puerta! He de asegurar la puerta.
Tengo que correr, pero las piernas no me responden, el pasillo es largo, tan largo… ¡ya están aquí!
Siento mis gritos en los oídos, no puedo parar, me duele el pecho y no puedo respirar, pero no dejo de gritar ¡tengo miedo! Tengo tanto miedo que siento el cabello de la nuca como púas de erizo, me encojo en un rincón y me escondo detrás de las manos –que pequeñas me parecen-.
Dios mío, que golpes tan fuertes que dan las hachas, ¡parad!
Parad, dadme un respiro, aun no quiero morir, aun no es mi tiempo de morir,¡buitres! ¡carroñeros! ¡no quiero morir!
Han hundido la puerta, oigo los pasos duros de las botas, las ordenes en voz baja coronadas por la cháchara de fondo, el cuchicheo, el murmullo y el hielo me llega al corazón, se recortan las sombras en la claridad de la puerta con unos rayos de luz detrás, en unos segundos me verán
Unos zapatos negros, los veo entre los dedos, miro mas arriba, unos pantalones azul marino, no es lo que yo esperaba, ¿donde están las garras, los pelos y las patas arqueadas? ¡me engañan los ojos! Se disfrazan como lobos con piel de cordero. Bajo las manos y levanto un poco mas los ojos, me encuentro con una camisa azul cielo y una chapa, ¡un policía! Detrás suyo otro, me ayudaran.
_ ¡Estoy aquí! ¡eh! ¿que no me ve?
Algo extraño esta pasando, han entrado seis personas a la sala, pero nadie me mira, es como si yo no estuviera en la habitación, se alborotan alrededor del sofá como gallinas y cacarean, levantan las mantas.
_ Es que no tenéis decencia, ¿Qué hacéis aquí? Dejadme en paz, por favor, por favor…
Me cuelo entre la policía para ver que están mirando, no se si quiero saberlo, hace días que no me siento en el sofá, algo me lo impide; intento apartar a un hombre vestido de negro con pinta de enterrador, ¡que asco! No se da cuenta de mi mano en su espalda…
_ ¿Qué a pasado? Donde estáis…
Otro paréntesis, otro deslizamiento del tiempo, he puesto una mano en un hombro y he despertado no se cuanto tiempo después, la habitación esta medio vacía, solo hay dos personas, una toma notas, no puedo ver bien al otro, está agachado, con una pluma levanta lo que parece una mano, ¡Dios! ¡una mano en mi sofá!
_ ¿Qué está pasando? ¿Qué está pasando?; no lo entiendo, ¿de quien es esta mano?
Arrastro los pies para acercarme un poco más y ver mejor, el corazón me late muy fuerte, la mano no me es desconocida, la he visto a lo largo de muchos años, la conozco tan bien como al resto que la acompañana; un paso más, uno, tan solo uno y lo veré…
_ ¡Nooooooooooo! ¡noooooooooo! ¡noooooooooo!
No es posible, es mi cuerpo, soy yo la que está tumbada en el sofá, son mis ojos los que están cerrados en medio de una cara amarillenta, amortiguada, son mis labios, ahora azulados, crispados, los que miro.
_ ¿Estoy muerta? ¡estoy muerta! ¡estoy muerta!
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3 comentarios

_Muerte_ -

¿Lo es?.

Me dió esa impresión, supongo. Por la soltura, por la frecuencia de los posts...
Me encanta. Shhhhh.

__M__

Morgia -

Gracias por tus buenos deseos Muerte. ¿Que te ha hecho llegar a la conclusión de que no es mi primer blog?

_Muerte_ -

Mucha suerte, con Morgia. Ya sabes, hay días en que se agolpan las ideas y contarías miles de cosas, y otros en los que miras a la pantalla con la mente en blanco. Pero supongo que éste no será tu primer blog. en cualquier caso, suerte. Tú sigue escribiendo. Nos vemos.

__M__
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