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Duendes /por D,J Conway

Duendes /por D,J Conway Junto al helecho, profundo y a la sombra,
allí encontré a la duendecilla.
Vestida de telarañas de seda y flores
allí entretenía las horas,
aguardando la oscuridad.

Sobre el suave musgo verde junto a ella,
yacía un niño envuelto en un plumon,
su piel era suave y el cabello como la medianoche,
la señora observaba la llegada del atardecer,
aguardando la oscuridad.

En silencio, me senté junto a ella
esperando encontrar unas palabras
en mi mente dormida y asombrada.
Dijo la señora: "Es muy amable
al aguardar la oscuridad junto a mi"

¿Os habeis extraviado? le pregunté a la señora,
¿Es esta vuestra casa, este sombreado helechal?
¿Vendrán otros con las estrellas y la Luna?
Ella tan solo sonrió, comenzó a canturrear
para el niño duende.

El niño dormia. La señora me contó
la magia profunda de la Tierra y el mar.
Susurró conjuros, poderosos y antiguos.
Utilizadlos bien-dijo ella- Demostrad arrojo
al hacer sortilegios en la noche.

¿Puedo utilizar estos? La señora sonrió,
recogió a su niño dormido.
Oh si -respondió- es un obsequio
por aguardar junto a mi hasta que la luna
se deslice en el cielo.

Sumida en mis pensamientos, me senté junto a ella,
haciendo guardia. Escuché al jinete
que atravesaba el sombreado helechal.
¿Estais ahí, mi bella señora?
gritó una voz de duende.

Un señor duende, su vestimenta de parras,
armado con brillante daga y espada
guió su caballo hacia el helechal.
Entonces mis ojos comenzaron a temblar
al ver sus ojos oscuros

Se puso el Sol, las aves estaban inmóviles.
Salió la luna sobre la colina.
De pronto me sentí sola.
No temáis, pues habéis sembrado
buena amistad.

La señora sonrió y elevó su mano,
sobre su frente resplandecía
una brillante banda a la luz de la luna
¿Dareis vos también un obsequio?
le preguntó a su señor.

Pues aqui hay una amiga, un guardian valeroso.
Pero hay antiguos enemigos
respondió el señor duende.
No. dijo ella,
Nos cuidó en este lecho de helechos,
él sonrió

Entonces hay algunos que nos desean el bien.
Su voz era como una campana lejana.
Un anillo quitó de su mano.
Esto os armonizará con la tierra
y la magia.

Su piedra era pálida, igual que la Luna.
El aire se llenó de una melodía sobrenatural
mientras ellos montaban, el señor y la señora,
y cabalgaron alejándose del sombreado helechal,
me quedé sola.

La gente dice que los duendes no están allí,
pero yo he escuchado sus bellas voces
cuando me siento en el helechal.
Hechizos mágicos he aprendido,
todos de la señora

El anillo del duende está en mi mano
para ayudarme con la magia de la tierra.
A veces hablo con el señor y la señora
en el helechal, profundo y sombreado,
en secreto.

¿Existe la magia? Para mí así es.
Pues cuando el Sol se pone,
siento el poder de la Tierra dentro de mi corazón.
Y sé que jamás me separaré
del señor y de la señora.
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1 comentario

Helena -

Me ha gustado mucho este poema. Tiene muchas cosas escondidas detrás de las palabras...
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