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El juego de mandar

El juego de mandar Extracto del "Libro de motes de damas y cavalleros, intitulado El Juego De Mandar" de Lluís Milà (Valencia, 1535)

Señoras damas. Resplandeciente virtud. Estrellas relumbrantes. Gloria de los cavalleros. Espejo de gala. Celestial hermosura. Exemplo de criança. Graciosa conversación. Leyes y mando en la tierra para dar vida y muerte y fama de inmortal memoria. Quién será tan ignorante que no conozca todo lo sobredicho /Aiii/ ser poca alabança para tanto merecimiento. No ay ninguno que ignore que con mucha razón os podemos dezir señoras damas, pues soys tan señoras que no ay poder humano que sea poder delante el vuestro. Si no, dígame alguno qué poder humano ay en esta vida que pueda hazer una tan gran cosa como las damas hazen en mudar un hombre y hazelle todo otro de lo que es. Ninguno en este mundo podrá hazer de un covarde valiente ni de un avaro liberal sino estas tan poderosas señoras que mudan condición, ser y vida al hombre que por ellas es hombre. También con mucha razón os podemos dezir resplandeciente virtud. Pues siendo la mesma virtud, resplandecéys tanto en virtudes que cegáys a todos los ojos que con vicio os miran, como el rayo del sol a la vista humana, y days tan clara y fuerte vista a los ojos que con virtud os miran como tiene el /Aiiii/ águila mirando el rayo del sol. También con mucha razón os podemos dezir estrellas relumbrantes, pues pareciendo por la tierra entre la vulgar gente relumbráys como las estrellas del cielo entre las tinieblas de la noche. También con mucha razón hos podemos dezir gloria de los cavalleros, pues todo lo que parece trabajo por servir las damas es gloria. Que si la gloria es descanso de trabajos y contentamiento de vista y alegría de pensamientos, ¿qué otra cosa es el trabajo del cavallero sirviendo su dama como cavallero sino descanso? ¿Y qué mayor contentamiento en este mundo para la vista que ver una gentil dama? ¿Ni qué mayor alegría de pensamiento que veros servidor de quien os haze tan señor? No parece el señor ser tan señor ni el cavallero tan cavallero, sino serviendo las damas con tales servicios, que el trabajo se convierta en descanso y el mi/Av/rar en contentamiento, y el pensar en alegría. También con mucha razón os podemos dezir espejo de gala, pues nunca se tiene el cavallero ni es tenido por perfecto galán muy bien aderesçado de cuerpo y de alma, sino quando las damas dizen que lo es. Pues si el cavallero no es galán si las damas no lo dizen, con mucha razón las podemos tener por la misma gala, pues el buen parescer dellas es espejo de gala, donde nos avemos de mirar para parescer bien. También con mucha razón hos podemos dezir celestial hermosura, pues ninguna hermosura parece tanto ser venida del cielo como la de las damas y señoras. Que aunque toda hermosura es criada por el criador de todos, en las damas se paresce más aquello que dize: signatum est super nos lumenvultus tui domine. También con mucha razón hos podemos dezir exemplo de crian[/Avi/]ça, pues la mayor cortesía de los cavalleros no es tanto como la menor cortesía de las damas. Porque en ellas no ay menor ni poco, sino mayor y mucho, pues el gran merecimiento dellas todo lo meresce. También con mucha razón hos podemos dezir graciosa conversación, pues soys la misma gracia, y en tanta manera que si un cavallero habla una razón sabia y una dama dize una otra razón avisada, en más y por más graciosa será tenida la de la dama que la del cavallero, por la poca turbación de ingenio que siempre tienen y la mucha que nosotros delante dellas tenemos. Y por aquel gran privilegio que tienen por averse dicho en la más alta de todas gracia plena. También con mucha razón hos podemos dezir leyes y mando en la tierra para dar vida y muerte y fama de inmortal memoria, pues ninguna ley humana haze tanto sentir que la vida pa[/Avii/]rezca muerte y la muerte vida, sino la ley y mando de las damas. Porque si un cavallero es desfavorescido o desdeñado dellas, todo lo que es vida le paresce muerte, pues sabe a muerte su vida, y todo lo que le parece muerte por amarlas y servirlas es vida, pues les da fama de inmortal memoria. Considerando pues tan gran merecimiento y valor de tan poderosas y excelentes señoras, ¿quién no trabajara en servirlas y alabarlas, sino el que ni es para uno ni para otro? Y por no ser yo tenido por tal, offrezco mi voluntad por obra, pues ninguna obra por grande que fuesse sería sino voluntad para servir tan grandes señoras. Y por esta razón, este libro intitulado El juego de mandar es pequeño, pues también lo sería aunque fuesse grande. Recíbanlo como a pequeño servicio y gran voluntad. Y rescebido desta manera el libro será grande, y yo el [/Aviii/] más dichoso servidor de damas.

LA MANERA COMO SE HA DE JUGAR ESTE JUEGO DE MANDAR:

Teniendo un cavallero el libro entre sus manos cerrado. Suplicará a una dama que le abra. Y abierto que le aya, hallarán una dama y un cavallero pintados, cada uno con un mote delante sí. El de la dama será para mandar el cavallero. El qual ha de ser muy obediente, pues por la obediencia que ha de tener en hazer lo que le mandara la dama tiene mote a su propósito en el libro. Y el cavallero que no será obediente, sea condenado por las damas en lo que les pareciere y echado de la sala. Después otro cavallero y otra dama harán lo mismo que los primeros han hecho, y todos los otros después por su orden hasta que las damas manden cessar el juego.
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